Enfermedades autoinmunes y un nuevo comienzo en España: foto del antes y el después

Enfermedades autoinmunes, dolor, España, un nuevo comienzo: mi historia

Si alguien se cruza hoy conmigo en la Costa Blanca, probablemente verá a una mujer sonriente que se dedica al sector inmobiliario, está creando una empresa, se reúne con clientes y habla de las bellezas de la vida en España. Sin embargo, pocos saben lo largo, doloroso y lleno de dificultades que ha sido el camino hasta llegar hasta aquí.

Me llamo Éva Csernay y soy cofundadora de La Fodi Property Advisory. Hace más de diez años decidí mudarme a Alemania. No hablaba ni una sola palabra de alemán. No contaba con una red de contactos, no tenía oportunidades esperándome y no tenía ni idea de cómo me las arreglaría en un país completamente nuevo. Simplemente sentí que tenía que dar el paso.

Empecé de cero. Aprendí el idioma de forma autodidacta, trabajé, progresé y, paso a paso, fui construyendo mi vida. Por aquel entonces creía que ya había superado la parte más difícil. Me equivoqué.

La depresión, que marcó mi vida durante años

Antes de que las enfermedades autoinmunes aparecieran en mi vida, luché contra una depresión grave durante muchos años. No estamos hablando de un bajón anímico. Ni de una mala racha. Sino de años.

Quien lo haya vivido alguna vez sabe que la depresión no es simplemente tristeza. Es más bien un estado en el que la persona pierde el contacto con la esperanza, con el futuro y, a menudo, también consigo misma. Hubo momentos en los que, sencillamente, no veía la salida, pero aún así había algo en mi interior que no me dejaba rendirme. Quizá fuera terquedad. Quizá fe. Quizá solo esa voz interior que no dejaba de repetirme que, algún día, todo esto terminaría.

Al final conseguí salir de la depresión. Pensaba que a partir de entonces todo iría bien. Fue entonces cuando empezaron a aparecer las enfermedades.

Cuando los diagnósticos se sucedían uno tras otro

Primero llegó un diagnóstico. Luego, otro más. Y después, un problema tras otro. Con el paso de los años, la lista se fue alargando cada vez más. Lupus sistémico, lupus cutáneo, inflamación del tejido adiposo, asma, osteoporosis grave, problemas articulares, problemas de columna, inflamaciones crónicas y operaciones quirúrgicas.

Al final, en mis documentos figuraban más de veinte diagnósticos.

Quien vive con una enfermedad autoinmune sabe que lo peor no es el diagnóstico en sí. Es el dolor. El no saber en qué estado te vas a despertar al día siguiente. Que te resulten difíciles cosas que para los demás son totalmente naturales. Que, al cabo de un tiempo, te acostumbres al sufrimiento.

Hubo épocas en las que ya daba por hecho que algo me doliera. Hoy sé que eso no es vida. Pero entonces, esa era mi realidad.

El pensamiento que lo cambió todo

Al cabo de un tiempo, ese mismo pensamiento se me venía a la mente cada vez con más frecuencia. No es que quiera curarme. No es que busque un milagro. Sino algo mucho más sencillo.

Si tengo que convivir con una enfermedad. Si tengo que convivir con el dolor. Si tengo que sufrir. Al menos que sea en la playa.

Recuerdo que cada vez sentía con más fuerza que quería darme la oportunidad de vivir en un país mediterráneo. No porque estuviera segura de que fuera a ser mejor, sino porque no quería pasarme la vida sin haberlo intentado siquiera.

Una nueva vida en España

Al final, mi pareja y yo tomamos la decisión. Nos mudamos a España. Y Lola, nuestra perrita salchicha, también vino con nosotros.

Por entonces, ninguno de los dos sabía lo que nos deparaba el futuro. No sabíamos si lo conseguiríamos. No sabíamos si me recuperaría. No sabíamos lo que nos tenía reservado la vida. Solo había una cosa de la que estábamos seguros: queríamos darnos una oportunidad.

Ahora que lo pienso, creo que fue una de las mejores decisiones de nuestra vida.

El giro

El verdadero cambio no se produjo de la noche a la mañana. No hubo ninguna píldora milagrosa. No hubo un único momento mágico.

Sin embargo, hubo muchísimo trabajo. Muchísima investigación. Muchísimo autoconocimiento. Muchísimas preguntas.

Poco a poco empecé a comprender qué ocurre en mi cuerpo, cómo funciona mi organismo, cómo me afectan el estrés, el estilo de vida, el entorno y todas esas cosas que antes daba por sentadas.

No sé qué papel desempeñaron en ese cambio España, el clima, el cambio de estilo de vida, mi forma de pensar o el simple hecho de que no estaba dispuesta a abandonar la búsqueda. Lo que sí sé es que hoy me encuentro en un lugar en el que antes nadie habría imaginado que llegaría a estar.

Lo que antes se consideraba casi imposible

Una de las mayores sorpresas de los últimos años para mí ha sido que los marcadores de laboratorio que antes daban positivo ahora dan negativo. Todos y cada uno de ellos.

Hablamos de varios valores respecto a los cuales, anteriormente, casi todos los médicos afirmaban que eran imposibles. 

Ahora ya no solo tengo los resultados de los análisis en orden. No tengo dolores. Y tampoco tomo medicación.

Quien haya convivido alguna vez con una enfermedad autoinmune sabe perfectamente lo que esto significa. No es un buen día. No es una buena semana. Es algo que antes pensaba que quizá nunca llegaría a experimentar.

Hace poco, uno de mis médicos revisó los resultados de mis análisis y me dijo:

„Si solo viera estos resultados, nunca diría que alguna vez estuvo enfermo”.” 

Lo reconozco, hace unos años tampoco me habría creído que algún día oiría esto.

No he recuperado mi vida

Mucha gente se imagina la curación como una meta final. Yo no lo veo así.

No siento que haya recuperado mi vida.

Siento que he recuperado el control sobre mi vida.

Durante mucho tiempo sentí que las circunstancias, los diagnósticos, el dolor y las enfermedades controlaban mi día a día. Ahora soy yo quien tiene el control. Y quizá ese sea el mayor cambio.

¿Por qué escribí esta historia?

No es porque quiera convencer a nadie de nada. No es porque afirme que el mismo camino funcione para todo el mundo.

Simplemente sé que ahora mismo hay alguien leyendo esto que quizá esté pasando por un momento difícil. Quizá esté luchando contra la depresión. Quizá padezca una enfermedad autoinmune. Quizá quiera empezar una nueva vida. Quizá se esté preguntando si aún queda esperanza.

Si tuviera que destacar una sola cosa de esta historia, sería esta:

Somos mucho más fuertes de lo que podríamos imaginar en nuestros días más difíciles.

Ahora vivo en la Costa Blanca con mi pareja y nuestra perrita salchicha, Lola. Como cofundador de La Fodi Property Advisory, día tras día conozco a personas que, por alguna razón, buscan un cambio en sus vidas. Hay quienes quieren invertir. Hay quienes anhelan una vida más tranquila. Y hay quienes, sencillamente, quieren empezar un nuevo capítulo.

Quizá por eso me siento tan identificada con las historias de nuevos comienzos. Porque sé perfectamente lo que se siente cuando uno cree que se ha quedado sin opciones. Y también sé lo que se siente cuando, de repente, te das cuenta de que no es así.

Sé perfectamente lo que se siente al empezar una nueva etapa.

Por eso España se ha convertido para mí en mucho más que un país. Se ha convertido en mi hogar. Y quizá sea el lugar donde, por fin, no solo empecé a sobrevivir, sino a vivir de verdad. ❤️

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